Cuando las emociones opuestas se cruzan


Un zorro cazarrecompensas llamado Lacrivulpis fue llamado por una señora mayor para encargar una misión.

—Que me mandes a ir hasta el bosque de Tamárhu significa que tiene alguna seguridad alta, ¿no es así? —respondió el zorro manteniendo su perfil serio—. Es irónico, robarle al que te saqueó un tesoro de tu familia.

—Sí, hay unos soldados de la sociedad alta que defienden el área. Como puedes ver… No tengo experiencia para hurtar. Tampoco tengo fuerzas. Te lo ruego, te puedo pagar con mucho dinero.

Lacrivulpis aceptó la solicitud de la mujer, encontrar una reliquia de un panda rojo con marcas verdes brillantes, a cambio de una gran suma de dinero y partió hacia el punto mencionado. Le llevó semanas viajar hasta su destino.

Una vez ahí, esperó a que caiga la noche para infiltrarse con facilidad en la zona protegida del bosque.

—Estas personas que ha dicho la señora están muy bien entrenados —pensaba Lacrivulpis en voz alta, buscando armar una estrategia para atacarlos de sorpresa.

Cuando la luna se hizo presente, el cazador se puso en movimiento sin perder tiempo hacia la zona prohibida. Por tratar de no hacer ruido Lacrivulpis se quitó las botas y se apoya entre las ramas de los árboles, esperando su oportunidad para atacar por detrás.

—Siento como si alguien nos observara… —dijo uno de los soldados.

Los hombres estaban entrenados a percibir cualquier sensación extraña, acostumbrados a diferenciar de lo real y lo imaginario producido por el cerebro.

—¡Todos alertas! Muy probable que alguien esté cerca —el que aparentaba ser líder de la tropa daba órdenes.

El cazarrecompensas preparado para entrar con sigilo, sacó su arco y apuntó con una de sus flechas al soldado más alejado del grupo.

—Ese sonido… —la presa escuchó el ruido del arco tensando.

En un instante el dueño de esa voz fue asesinado por una flecha en el cráneo. El cuerpo sin vida se cayó al suelo.

—¡CUIDADO! —Gritó con todas sus fuerzas otro de los que quedaban.

Desesperados por salir con vida y no saber de dónde vino la flecha, estaban gritando con angustia, rogando por vivir.

Flecha por flecha.

El zorro saltó rápidamente de un árbol a otro lanzando flechas hacia los cráneos de ellos y el pasto se tiñó de rojo.

El silencio invadió. El cazador sintió pena por sus víctimas.

Se vuelve a poner las botas y se adentra en el lugar prohibido de la selva, que se decía que tenía muchos tesoros importantes de la nación… Robados a otras familias durante guerras pasadas entre las diferentes sociedades por riquezas y poder. Lacrivulpis pasa de largo su sendero sorprendiéndose de lo que está viendo. Árboles brillantes únicos con muchos objetos de gran valor social, político y económico.

—Según ella por ahí debería estar… — trataba de mantener su cabeza fría.

Dio una pisada y el paisaje verde cambió a rojo vivo. El cazarrecompensas reacciona el olor a quemado y se tapó la nariz con su bufanda.

—¡Nrg! ¿¡Qué está…!?

Explosiones.

El bosque raro se estaba incendiando a causa de unas explosiones que sucedieron. No había más rastro de plantas verdes.

—Brillante —Un pensamiento desconocido llegó a la mente de Lacrivulpis.

—¿¡Quién anda ahí!? —exclama el zorro, asustado.

— … —La criatura no respondió a su pregunta, simplemente se hizo visibles gracias al contraste que hacía su silueta con las llamas que devoraban poco a poco el bosque…

—¿Qué…? —Lacrivulpis se gira y se da cuenta que es una forma de vida única que nunca vio antes, asombrado.

La atención de Synphas se centró en los ojos del zorro, eran diferentes a los de otros seres que había conocido. Carecían de brillo.

Aquella mirada, es inusual —La criatura se cruzó de piernas, quedando suspendido en el aire. Cuando Lacrivulpis notó que levitaba no pudo evitar reaccionar de sorpresa, sin embargo decidió no pensar en ello.

—Es común. —el zorro volvió a dirigirse hacia la dirección en el que iba. —no tengo tiempo que perder. Debo recuperarlo.

—¿A qué se debe la necesidad de mentir a pocos instantes de conocer a alguien? ¿Necesidad de protección? ¿Ser aceptado? —Synphas, gracias a su capacidad de telequinesis colocó algunos troncos que habían caído por las explosiones delante del zorro, impidiendo su paso.

—No tengo tiempo —los ojos del vulpino ardían de esperanza muerta.

—Mientras antes respondas, más pronto recuperarás el tiempo perdido. —La criatura era persistente sobre aquello que despertaba su interés, sino ni se preocupaba en molestar.

—No es tu asunto… — redirigió su mirada hacia Synphas y vuelve a la dirección donde miraba antes.

—Lo es, sino no pondría mi tiempo en juego, ¿no crees?

Sus filosofías se cruzaban violentamente. Un ser que se dejaba llevar por las emociones y el otro que iba perdiendo esperanza junto a sus sentimientos estaban uno delante del otro. Bajo el mar de estrellas, rodeados del fuego vivo, parecía un paisaje nostálgico y doloroso.

—La venganza tiene un dulce sabor gracias a la perturbada mente y alma que yace en uno por los sucesos vividos, pero una vez que ya todo acabó, ¿cómo crees que repercutirá? Intentas ocultar algo en el sitio más expuesto que puede existir, aún hay un pequeño destello en tu mirar. —expresó Synphas.

Ambos tienen similitudes en el pasado y diferencias en el presente. ¿Estaban destinados a encontrarse? ¿Volverán a cruzarse en un futuro? Sólo el sol lo sabe.

—Escucha —el cazarrecompensas se dirigió al ser extraño por última vez antes de irse —vivir también significa perder…

Synphas entendió el significado detrás de esas palabras, al oír la voz del zorro sumergida en una tristeza, y ambos establecieron una conexión.

—Continua adelante, no será la última vez que nos crucemos —dijo el experimento fallido, y separó el fuego para crear un camino libre por el cual podría cruzar el zorro.

—Supongo…. —el zorro dijo antes de seguir adelante…

El zorro se lanzó a buscar el tesoro familiar que le encargaron en lo más profundo del bosque infernal. Synphas, por su parte, permaneció observando ese fuego por unos momentos más antes de retirarse sin rumbo alguno. Simplemente deseaba continuar explorando los alrededores en busca de cosas desconocidas. Rápidos y cortos pasos podían oírse a lo lejos aproximándose a la región que ardía con intensidad, aquellos pequeños guardianes de la naturaleza no permitirían que el bosque de Tamárhu quede hecho cenizas.

Donde las cenizas vuelen, volverán. Donde los sentimientos vayan, volverán.

Menos lo que se perdió viviendo.

¿Lacrivulpis encontró lo que le pidieron? ¿Cuál fue el próximo destino de Synphas?

Continuará…

Escrito por: Axel Dumas y Micaela Fernández

Última modificación: le 2020/12/28 18:52