Universidad Maimónides: Escuela de Multimedia
20 Noviembre, 2015

Supernova – Producción transmedia y videojuegos

Por Durgan Nallar

Director General de la revista [IRROMPIBLES].
Profesor en la Universidad Maimónides y la Escuela de Game Design América Latina.

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La narrativa transmediática es la nueva frontera. Evoluciona desde las formas tradicionales de producción debido a la manera en que los nativos digitales quieren consumir contenidos, y se construye en torno a las actuales vías de comunicación. En el fondo, lo que se busca es minimizar la volatilidad de los consumidores, proclives a dar saltos hiperespaciales entre distintos productos.

¿Cómo retener la atención del público cuando existen tantas ofertas atractivas en el mercado del entretenimiento? Acompañando la manera en que las personas se desplazan por las redes sociales y dispositivos. A esta generación de consumidores le fascina intervenir tomando roles activos en aquello que les interesa. Ya no son más espectadores pasivos, como quienes se conforman con una película o un juego encapsulados y sin continuidad o con los productos incapaces de proyectarse al futuro. Deben y pueden influir en lo que consumen.

En esta nueva galaxia de contenidos, el productor transmedia es una supernova.

Pongamos en claro en qué consiste la narrativa transmediática:

-Se trata de contar una historia a través de múltiples medios, a los que llamamos ventanas (o canales).

-Esos medios pueden ser películas, animación, juegos, novelas y todo aquello que permita relatar una historia.

-Podemos decir que una historia transmediática está formada por un conjunto de historias que tienen diferentes medios como soporte. Sumando todas las historias de cada ventana, estamos narrando la historia global del mundo en el que transcurren. Cada ventana cuenta una historia auto conclusiva que aporta al contenido general del universo narrativo.

-El contenido se distribuye de manera estratégica entre todas las ventanas, y estas ventanas están enlazadas a través de detalles en las historias que relatan.

-En ninguna ventana existe completa la historia del universo narrativo, porque esta última está distribuida en múltiples historias. Los consumidores necesitan buscar contenidos en varias o todas las ventanas si desean saber más. La historia sólo estará entera en su mente. Llamamos a esto convergencia.

-Una parte de los consumidores asume un rol activo y contribuye a expandir el universo narrativo. En tanto consumen como producen contenidos, los llamamos prosumidores.

-No es necesario consumir las distintas ventanas en forma lineal, por lo que es posible ingresar al universo narrativo desde cualquiera de sus ventanas.

A diferencia de una historia tradicional, que se concentra en los personajes, y donde el mundo en el cual transcurre la trama es algo secundario, la narrativa transmedia se concibe como la historia del mundo o universo ficcional, contada por los mismos o por diferentes grupos de personajes en una constelación de historias relacionadas sutilmente. Es decir, el foco se coloca sobre el mundo. Estaremos relatando el devenir de ese mundo mediante distintas historias que podemos consumir en diferentes medios.

Esta técnica, tomada como necesidad, supone un buen dolor de cabeza para el productor de contenidos tradicional, acostumbrado a las historias lineales y de menor alcance. Es un desafío, sin duda apasionante, el crear un universo que ya no sólo es un entorno o setting, sino un contenedor de historias que conectan de maneras diversas.

El productor transmedia está capacitado para gerenciar los distintos medios, abriendo las ventanas una por una de acuerdo a su rendimiento financiero y según la visión general del proyecto. Es la clase de profesional que debe entender las particularidades de cada medio, audiovisual, tecnológico, editorial. Tiene que comprender los alcances de los múltiples soportes. Qué se puede hacer con cada uno, y cómo. De qué forma encastran. La web, los dispositivos móviles y las redes sociales son sus aliados. La comunidad es la protagonista. El productor transmedia debe unir todos los nodos para crear una experiencia única.

Las personas que se capaciten en tecnología multimedial tienen un brillante futuro como productores transmedia. Algo que ya está ocurriendo en 2015, y que viene desde hace unos años, es que cada vez más compañías prefieren invertir en producciones transmediáticas como forma de capturar público y minimizar el riesgo. Los productores que pueden lidiar con las dificultades de un proyecto que se extiende por varias disciplinas, cada cual con su particularidad (y sus acuerdos legales sobre derechos y beneficios), son las rara avis del mercado.

Los videojuegos son por lo general la segunda o tercera ventana que desea abrir un productor transmedia. Esto debido a que por su naturaleza incitan a la participación de los prosumidores y tienen la virtud –bien diseñados– de propagarse viralmente a través de las redes sociales, lo cual ahorra dinero en marketing y contribuye a la masificación del proyecto. En transmedia no es buena idea lanzar un universo con más de dos ventanas activas: se corre el riesgo de invertir en algo que podría no ser bien recibido por el público. Las ventanas se van abriendo según la recepción que tiene el producto, y de allí la importancia del productor, que debe evaluar con cuidado. Cada proyecto puede requerir ventanas iniciales diferentes, más allá de que al principio siempre se busca elegir aquellas de menor costo. En ciertos casos, será bueno comenzar por una serie animada para la web o un cortometraje, en otros por un canal de youtubers, incluso podríamos presentar el universo narrativo por medio de un comic o un podcast: pero siempre conviene pensar en un videojuego que potencie el alcance de la licencia. Los videojuegos son ideales para que los prosumidores experimenten el mundo narrativo y amplíen su conocimiento.

También podríamos no tener un videojuego en principio, incluso nunca. Sin embargo, transmedia es, desde el punto de vista de un diseñador, un colosal juego narrativo.

Dentro de las características que definen el transmedia, el hecho de que los prosumidores puedan ingresar por cualquiera de las ventanas a la historia del universo ficcional, y además consumirla en cualquier orden, escala la complejidad del proyecto. De allí el problema más notorio. ¿Cómo se construye una narrativa no lineal, que además es participativa? ¿Cómo lograr que cada ventana sea independiente, pero pueda conectar con el resto? ¿Cómo se alcanza la convergencia?

Lo que para un productor tradicional parece de una complejidad mayor, para alguien del área de los videojuegos es un clásico problema de game design. La industria audiovisual no tiene por tradición gran experiencia con respecto a las formas del videojuego. Guiones interactivos e historias no lineales suenan difíciles de afrontar y desarrollar. ¡Pero estas son partes fundamentales de cualquier videojuego, una industria que tiene más de 45 años de práctica en esos tópicos!

En videojuegos existe una estructura lúdica que atraviesa todo el proceso narrativo. Esta se compone a grandes rasgos de metas de diseño, reglas, objetivos de corto, mediano y largo plazo, desafíos y un sistema de recompensas (de mayor o menor detalle, pero siempre existente). Esa misma estructura lúdica debe ser el esqueleto del proyecto transmedia, repetimos: haya o no un videojuego como una de las ventanas.

Transmedia es en esencia un juego de narración, donde la historia se abre en ramas y se consume en cualquier orden. Pero que también debe tener los mismos elementos que tiene la estructura lúdica. Así, existen objetivos, desafíos y recompensas; algo que queremos decir, con lo que los prosumidores están ansiosos por interactuar.

En el corazón de la narrativa transmedia hay una historia cuyos protagonistas pueden interactuar con los espectadores, por ejemplo a través de cuentas de Twitter o por medio de videos y páginas web. Cada ventana tendrá un mecanismo lúdico, de diversión, de aprendizaje, de socialización, de expresión: elementos que son clave en el videojuego. Los prosumidores podrán explorar, indagar y, sobre todo, influenciar en la medida de lo posible el devenir de la historia principal, que es la historia del mundo narrativo.

Es decir, al plantearnos un proyecto transmedia debemos establecer su estructura lúdica. Estamos creando un universo ficcional, de principio a fin. Y dentro de ese universo, tomamos una parte para convertirla en la estrella más brillante. Una explosión estelar que dará vida a nuevos personajes y tramas. Los prosumidores serán quienes se lancen a explorar ese universo, yendo de historia en historia, descubriendo fragmentos y recomponiendo el concepto completo en su mente. Pero además se sentirán protagonistas, no meros espectadores.

El resultado debería ser una comunidad de prosumidores fidelizados a nuestro universo narrativo. Cada trozo de información que ellos obtengan los llevará más cerca del dominio de ese mundo, empoderándolos, recompensando su actividad y fortaleciendo el interés. Estarán ansiosos por seguir las pistas que hemos dejado en la narración, ventana tras ventana, y se regocijarán con cada descubrimiento.

En definitiva, al planificar un proyecto transmedia suena sensato recurrir al consejo de un diseñador de juegos, o al menos tener en cuenta que se trata de un juego narrativo. No bastará con uno o dos elementos de interacción, porque faltarán desafíos, objetivos y recompensas. Por otra parte, cada ventana debe tener elementos que encastran con los de otras ventanas, sin superponerse. Por ejemplo, un detalle en este corto que sirve como pista en aquel comic, o un puzle en la serie de TV que abre nuevos espacios en el videojuego. Si a esto le sumamos la llegada inminente de la realidad virtual a manos de los prosumidores, estamos ante un paisaje único, uno que apenas imaginamos como ciencia ficción y cuya trascendencia para la Humanidad es fenomenal. En pocos años, podríamos estar viviendo en mundos ahora imposibles.

En términos de diseño y de producción, no hay nada más apasionante. Las posibilidades son infinitas e intensas como una supernova.