Universidad Maimónides: Escuela de Multimedia
20 Noviembre, 2015

Somos la universidad del futuro, somos Transmedia, somos/formamos cosmopolitas digitales

Por Alejandro Piscitelli y Gabriela Sued

Alejandro Piscitelli es Director de Icleedu. Laboratorio de innovación en Artes y Ciencias del Icle, México
Profesor titular en la carrera de Comunicación Social, Universidad de Buenos Aires
Gabriela Sued es Magister en Ciencia, Tecnología y Sociedad
Profesora adjunta en la carrera de Comunicación Social, Universidad de Buenos Aires

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El Transmedia se dice de muchos modos

Como un nuevo normal mediático que ya tiene mas de 10 años de vida explícita y nombrada de la mano de Henry Jenkins, Carlos Scolari, Robert Pratten, Marsha Kinder y tantos otros se está volviendo omnipresente.

También se conjuga en múltiples expresiones como narrativa transmedia, narración transmedia o narrativa transmediática (en inglés Transmedia storytelling), entendido como un tipo de relato donde la historia se despliega a través de múltiples medios y plataformas de comunicación, y en el cual una parte de los consumidores asume un rol activo en ese proceso de expansión.

Por otro lado Hace mucho que se habla de reinventar la universidad. Se habla pero no se hace. Mientras emergen universidades desde cero, como Minerva Schools, Centro Diseño o USC Iovine Young Academy, donde todo es posible y encima pasa ya.

Donde todo es renovado, se estudia por proyectos, se diseñan portafolios e itinerarios formativos a medida, con las herramientas mas novedosas, con las teorías más brillantes, o con el apoyo docente mas entusiastas, y con medios aparentemente inagotables.

Mientras tanto ¿qué se hace en las universidades públicas, latinoamericanas, españolas? Poco y nada. Siempre se le echa la culpa a la burocracia, a las agencias de acreditación, a la industria de la promoción, a la máquina de generar papers endogámicos, etc etc, para no cambiar nada o lo menos posible.

En @datosuba no creemos en excusas, no pontificamos ni endiosamos el pasado o el futuro. Dialogamos y trabajamos con los mejores a nivel mundial, pero tenemos nuestra impronta propia. Que pasa por “dar la clase con la boca cerrada”, por brindar “protagonismo” a los cursantes; por “aprender entre todos”; por “escuchar” cada vez mejor y por reconocer la heurística, el entusiasmo juvenil, la vocación de auto-transformación y el respecto por una ecología de los medios amplificada cuando de comunicación se trata.

Es muy poco común que el transmedia storytelling se convierta en una estrategia (anti- o post-pedagógica) y ello ha ocurrido en el marco de nuestras incursiones en la Universidad de Buenos Aires.

Sería muy fácil hablar de lo que hacemos en términos académicos. Para eso están los Congresos, las publicaciones, los teóricos. Pero un trabajo como el nuestro no vive solamente de lo racional. También necesita de las ganas, las ideas, la creatividad, las imágenes, los colores, y los afectos.

Nos gusta pensar que en @datosuba hacemos ciencia soft. Somos rigurosos, pero blandos. Las imágenes, los colores, las narrativas, la creatividad son muy nuestro estilo, así como también lo son las curvas rápidas de aprendizaje, el uso intensivo de software para producir investigaciones breves, y la traducción de bibliografía especializada.

En los últimos años hemos acumulado experiencias diversas en el campo de los nuevos medios: trabajamos con narrativas interactivas en proyectos de producción de ficciones, experimentamos  con estudios de medios sociales  a gran escala, profundizamos en la cultura visual digital, y ahora con nuestro Prorama 2015 “El fantasma en la máquina”, nos metemos en los futuros algorítmicos y preferibles que nos depara la big data.

Pero sabemos que todo el equipo de datos se compromete diariamente con la tarea que le toca por un motivo central: no nos gusta la universidad en blanco y negro. Queremos ver colores, alegrías y futuros posibles proyectados en los pizarrones. Sabemos y creemos que es posible, y que es positivo. Así lo demuestran los diez trabajos transmedia que mostramos hoy, producidos por nuestros alumnos de grado (algunos de ellos colaborando actualmente con nosotros) de la Carrera de Ciencias de la Comunicación durante 2012, 2013 y 2014 para los proyectos “Narrativas transmediáticas”, “Humanidades Digitales” y “YouTube, un ornitorrinco mediático”. Que los disfruten.

Valoramos lo hecho por ayudantes y alumnos no solo por su calidad, actualidad, eficiencia y pretensión. Sino también porque se ha hecho con rigor, con conocimiento de causa. con respeto por  la cultura del libro al mismo tiempo que la trascendemos en cada gesto y en cada movimiento. Somos la universidad del futuro. Somos transmedia como nuestra selección e trabajos de los últimos tres años revelan

Pero sobretodo somos y formamos Cosmopolitas Digitales. Y aquí les contamos cómo y por qué.

¿Más información son mejores decisiones?

Nunca hubo mas información que la que tenemos hoy, y al mismo tiempo nunca estuvimos más perdidos en esa información, al punto de que la infoxicación ya es una verdadera epidemia. Nunca hubo mayores acervos, bases de datos y herramientas de extracción de información como hoy. Pero los problemas sociales se multiplican, el rendimientos de los sistemas (de salud, educación, financiero, de defensa e inteligencia) está en franca bancarrota -y no sólo en nuestros países.

¿Dónde están las raíces de nuestros problemas? ¿En los pobres análisis, en los malos diagnósticos, en las insuficientes terapias, o en todo lo anterior sumado a nuestra incapacidad para generar conceptos, estrategias, dispositivos y experiencias como para entender la complejidad, la ambigüedad y la indeterminación en la que nos tocó vivir?

Pero ya no son las academias científicas, ni la universidades, ni los cenáculos literarios (como ocurriera en la Ilustración en las siglos XVII y XVIII) las fuentes donde abrevar para entender al mundo y transformado.

Nuestros ídolos y líderes provienen mayoritariamente del sector privado. Las únicas usinas transformadoras (aunque sesgadas y generadores de crecientes desigualdades como comenta Thomas Piketty, 2014), ya no son los políticos o los militares, los estadistas o los santos, sino los titanes de la industria de lo inmaterial, y también de los nuevos materiales, industrias del entretenimiento y de lo simbólico.

Aunque no sabemos cuál será su traducción social, política, educativa y cultural intuimos que el futuro está en manos de Apple y de Google (hoy amenazando con comprar Twitter, de los nuevos normales en logística (Amazon), post-televisión (Netflix), transporte (Uber), universitario (Minerva), energía (Tesla), espacio exterior (Branson).

Aunque seguimos abogando por nuevos Galileos, Newtons, Darwins, Freuds y Eisteins empezamos a entender que las grandes innovaciones (especialmente las sociales y culturales) no están siendo generadas por líderes individuales (aunque las figuras de Steve Jobs (Apple), Serge Brin & Larry Page (Google), Jeff Bezos (Amazon), Mark Zuckerbeg (Facebook) y Telon Musk (Tesla) se destaquen sobremanera), sino por bandas creativas

Hoy no nos preguntamos, frente a nuevos problemas o desafíos, ¿qué harían Harvard, o MIT, o Stanford o las Universidades de Pekín o de  Moscú? sino ¿que haría Google? (Jarvis, 2010); ¿qué haría Apple?; ¿qué haría Facebook?; ¿qué haría Amazon?

En el terreno político y cultural las grandes preguntas (atravesadas por revoluciones, creaciones de nuevos bloques, amenaza de la multipolaridad a la hegemonía militar mas que cultural o económica norteamericana) la gran pregunta no es: ¿cómo lidiar con los secretos (casi todo está la vista) sino cómo lidiar con los misterios (la reiterada emergencia de lo inesperado y lo nuevo)?

Fenómenos como la revolución iraní de fines de los años 70, la caída del bloque soviético en los 90, la “ficción” de las revoluciones democráticas en los países árabes en 2011, y la entronización del califato de ISIS en 2014/15, pertenecen mas al régimen de los misterios que del descubrimiento de secretos (Berkowitz & Allan Goodman, 2002).

La base de estas transformaciones (que después saltarían al terreno de la ciencia aplicada y culminarían con las redes sociales y la transformación de la subjetividad y la sociabilidad), son la hipercomunicación (ruptura de fronteras geográficas, reconocimiento de que nuestra aldea es parte de un mundo, y la reinvención de las tecnologías comerciales masivas de broadcast en medios de singlecast generalizados).

No se trata de que en los ámbitos culturales y político, las tecnologías se conviertan en arietes de cambio social, pero si fuerzan un cambio de la mirada. Cambia el ritmo de la historia, las viejas prácticas se deshojan, las nuevas mueren, mutan y se invisibilizan muy rápidamente.

Si seguimos buscando secretos (lo que falta para entender a los sistemas preexistentes), perderemos de vista los misterios, los nuevos hechos que solo son inteligibles una vez que hemos entendido (generalmente tarde) como han cambiado los sistemas en los que vivimos.

Laboratorios de innovación: de descubrir secretos a resolver misterios

He aquí uno de los principales desafíos para los laboratorios de innovación de todo tipo que pululan por el mundo (y sobretodo para los educativos que lamentablemente no existen en las escuelas y universidades y que tanto necesitamos), resolver misterios (mas que descubrir secretos), mediante modos de pensamiento inusuales capaces de entender contextos en vez de reducirlos a nuestros prejuicios y derivas intelectuales preexistentes.

Aquí viene a nuestra ayuda la historia. Porque ni Google, ni la Wikipedia, ni ninguna enciclopedia online nos ayudará en esta tarea (que también es la que necesitamos cuando estamos creando agendas para un laboratorio de innovación). Porque las herramientas de búsqueda convencionales nos pueden ayudar a encontrar lo que queremos saber, pero no son muy útiles cuando de lo que se trata es de descubrir lo que querríamos saber. Y esto último (lo único importante) está siempre determinado por qué creemos que es importante. Algo totalmente determinado contextualmente.

Google, Facebook, Amazon y todos estos monstruos del monopolio informativoson empresas y por mas que digan estar interesadas en el bien común, entienden a este último como prolongación de sus intereses, no como base de su funcionamiento y razón de ser de sus actividades y propuestas.

Los medios y las redes sociales no son ingenuamente espacios de innovación e invención de futuros colaborativos, sino que encarnan nuestros prejuicios, nos ayudan a encontrar lo que queremos pero rara vez lo que necesitamos (mas profunda y duraderamente) como los experimentos en ingeniería social masiva de Facebook (hechos sin permiso ni cuidado) dejan entrever. (Hill 2024, Goel, 2014)

La gran pregunta (para los laboratorios de innovación educativa que debemos crear en dosis masivas) es qué herramientas necesitamos para entender lo que pasa en un mundo complejo e interconectado. Porque lo que necesitamos es acceder a perspectivas generadas en otros rincones del mundo, a opiniones que divergen de las nuestras, y prestar atención a lo inesperado, lo atípico, lo no-natural o lo anti-natural.

El gran desafío: de la información a la atención

El gran desafío no es por lo tanto acceder a la información sino (reaprender) a prestar atención. Algo muy difícil de lograr dada nuestra propensión a sobrevalorar los fenómenos cercanos que nos afectan directamente. Algo que contradice abiertamente la hiperconectividad hecha posible por Internet (Watts, 2004).

Además en este mundo hipercomplejo, lo que necesitamos es conservar a rajatabla la variedad (algo que ISIS detesta y aniquila igual que cualquier otro régimen dictatorial, político o confesional), la diversidad de puntos de vista, la riqueza de las múltiples culturas y lecturas, y para ellos los nacionalismos, los localismos, los provincialismos son nefastos.

Como lo es también el colonialismo digital generado por los propios grandes buscadores y las grandes empresas de monopolización de la cultura (Ayer se trataba de Hollywood hoy de Silicon Valley).

Es hora pues de entendernos a nosotros mismos en vez de como a  ciudadanos de un estado o región, como ciudadanos del mundo, no como colectivos autistas enfrentados, sino como dialoguistas empecinados. No como consumidores indolentes de tecnologías sino como productores incesantes de cultura

De cómo hacerlo, con qué herramientas educativas afianzar este cosmopolitismo, y cómo recuperar lo mejor del mundo digital sin perder nada de la riqueza del analógico a lo que dedicaremos sucesivas columnas.

 

Referencias

Berkowitz, Bruce & Goodman, Allan. Best Truth: Intelligence in the Information Age. Yale University Press. 2002.

Goel, Vindu. Facebook With Users’ Emotions in News Feed Experiment http://nyti.ms/1PgRpD8 Stirring Outcry Junio 29, 2014

Hill, Kashmir. 10 Other Facebook Experiments On Users, Rated On A Highly-Scientific WTF Scale http://onforb.es/1oNxduI

Jarvis, Jeff. What Would Google Do. New York, HarperBusiness. 2010.

Piketty, Thomas. Capital en el siglo XXI. México, FCE, 2014.

Watts, Duncan. Six Degrees: The Science of a Connected Age. WW. Norton &  Company, 2004.

Zuckerman, Ethan. Digital Cosmopolitans: Why We Think the Internet Connects Us, Why It Doesn’t, and How to Rewire It. New York, W. W. Norton & Co.

 

Este artículo fue publicado en el libro
Artmedia 15 años
Editorial Científica y Literaria de la Universidad Maimónides
1ra edición, noviembre 2015