Universidad Maimónides: Escuela de Multimedia
20 Noviembre 2015

Redefiniendo lo efímero y lo permanente ¿Se puede pensar el futuro de la multimedia?

Por Diego Pimentel

Director de Educación e Innovación, Centro Cultural San Martín
Profesor Titular Artes Multimediales, Universidad Nacional de las Artes

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A fines de los 90, con el cambio de siglo y de milenio, nos preguntábamos si era posible establecer aquellas cuestiones que formaban parte del campo de lo permanente y de lo efímero, en el ámbito del diseño. Nos preguntábamos, a su vez, si era posible de hablar de diseño digital y de cultura digital . En ese contexto aparecían asignaturas en Carreras de grado y posgrados en diseño multimedia, anteriores a la creación de la Carrera de Diseño en Multimedios ; se ofertaban posgrados en torno a nuevos medios, diseño de interfaces, TV interactiva, muchos de los cuales dieron origen al Programa de Actualización en Diseño Digital en 2001 en la UBA, que inicialmente dirigido por Arturo Montagu, logramos conformar junto a él con Martín Groisman durante más de 10 años. Nuestros referentes consistían en maestros de la modernidad, que habiendo enfrentado procesos de nuevos planes curriculares, se habían formado en la arquitectura. Maldonado, Bonsiepe y Munari dialogaban con la Escuela de Fráncfort: Horkheimmer, Habermas y Adorno. A su vez, aparecían en estas discusiones, textos de Eco, Lévy y Quéau, alimentados por la Modernidad Líquida de Zygmunt Bauman, las metáforas de Borges y el rizoma de Deleuze y Guattari. Antes de las ideas de Negroponte ­también arquitecto­, Michael Benedikt ­profesor de la Escuela de Arquitectura de la Universidad de Texas­ había publicado la primera compilación acerca del ciberespacio en 1992. Todo esto generó un contexto crítico en el cual nos disponíamos a dirimir las diferencias entre lo efímero y lo permanente.

El cyberspace, que había sido mencionado como concepto en la novela de William Gibson Neuromancer , aparece en la obra de Benedikt como un hecho científico, analizado desde los puntos de vista de construcción, proyectación y las implicancias de su existencia. Uno de los postulados críticos consistió en la idea de una arquitectura líquida , sostenida por Marcos Novak y discutida por los académicos de disciplinas tradicionales. Una arquitectura que no tenía territorio, al menos físico. Sin lugar, pero constructora de lugares y espacios alternativos a los que conocemos. Los problemas de la representación del espacio ­hacia los cuales se habían orientado los esfuerzos de la industria del software de arquitectura y diseño­ se alimentaban con los dilemas de lo real y lo virtual planteados por Maldonado: la teoría de la desmaterialización, o hasta dónde podemos reducir el mundo físico , en donde  el autor se pregunta “Cuál es el límite? Podemos ser cerebros encerrados en una vasija?” . A su vez, la representación más clara de lo real y lo virtual, que ponía en evidencia la estructura de un ciberespacio, estaba cristalizada por Internet, y su impacto en el diseño: la web y todas aquellas posibilidades de creación de interfaces.
Internet se presentaba como un complejo sistema con contenidos estructurados en hipertextos, con lexias, donde la propia ontología de la red se basaba tres conceptos: fragmentación, multiplicidad y multidireccionalidad . La información que viaja en ella se encuentra fragmentada en bits que se reordenan una vez que llegan de los servidores al cliente; a su vez, el usuario nunca lee la totalidad de la misma, sino que va seleccionando a medida que va profundizando en sus decisiones de navegación, configurando su propia experiencia. La red se presentaba también como un lugar en donde los usuarios podían recibir y emitir información, a diferencia de la mera recepción, esquema de los soportes tradicionales que constituyeron la cultura de masas en el siglo XX. Por último, cada decisión, cada click en este magma de información, iba a pautar un propio y particular recorrido por el laberinto, a diferencia de las estructuras narrativas clásicas. La explosión de estos postulados iba a proliferar con las Redes Sociales, que plagaron la Red de escenas de la vida cotidiana de los usuarios, brindando los 15 minutos de fama de Warhol a cada uno de rincones del planeta, globalizado y virtualizado, ayudando a la desaparición de los límites entre público y privado.

La Red se constituía en un lugar conformado de una manera caótica, con usuarios que podían volcar en ella información, algo que no había sucedido durante la era de los medios de comunicación de masas, entre finales del s. XIX y casi la totalidad del siglo XX. Lo más importante de su constitución está dado por la lógica hipertextual que conlleva la existencia de su estructura y las posibilidades de interacción y creación colectiva. A su vez, como una figura borgeana, un hipertexto prolifera al infinito. Landow identificaba al hipertexto con la ruptura de la lógica aristotélica, en donde la estructura del texto obedecía al formato de principio, medio y fin, secuencia fija y magnitud definida . Esa ruptura, según Landow, estaba representada por la utilización de Internet y la contaminación que este soporte realizaba al pensamiento colectivo.

En una contemporaneidad en donde los nuevos medios constituían nuevas formas de consumo cultural, y a su vez, la red Internet se constituía como el soporte físico del ciberespacio, había que establecer los valores de lo efímero y lo permanente. Los dos valores analizados como parte del campo de los permanente, hasta este momento, estaban dados por el hipertexto y la virtualización.

Vamos a incorporar un tercero: la aceleración tecnológica.

Diego Levis hace un análisis muy interesante de la historia de las computadoras y su relación con el uso cotidiano en su libro la pantalla ubicua . En él, ordenada de una manera historiográfica, aparecen todos los antecesores de las computadoras, desde Babbage hasta la Mark I, relacionadas a la metáfora del Golem, los seres artificiales de la antigüedad, el renacimiento y la sociedad industrial, hasta la inquietante idea de Mary Shelley, desde la literatura, de dar vida a través de la utilización de la energía eléctrica . Pero lo más interesante de esta obra de Levis es la relación que establece entre los autómatas y las máquinas lógicas: sostiene que la genealogía de la informática está dada por la unión de estas dos tradiciones y por el deseo ancestral del hombre de reducir, hasta anular la noción de espacio y tiempo.

Desde la primera supercalculadora o computadora hasta la actualidad, uno de los procesos más importantes estuvo dado por el fenómeno de reducción del volumen de los dispositivos de procesamiento, almacenamiento y entrada y salida de datos. Si a mediados del siglo XX una computadora ocupaba una superficie de un departamento de 3 o 4 ambientes, con la aparición del microchip se redujo a un escritorio. Luego se conectaron esas computadoras personales a Internet y siguieron su proceso de reducción gracias a la nanotecnología, dando lugar a la aparición de objetos que, gracias al fenómeno de la convergencia, reunían diferentes funciones (teléfono, calculadora, agenda, procesadora de textos) en un mismo lugar: el smartphone.

A su vez, la forma de utilización de los dispositivos y el modo de enseñanza de la tecnología cambió radicalmente. Si a inicios de la computación gráfica sólo se introducían asignaturas en el tramo final de las carreras de grado (y a modo de electivas), con el tiempo los estudiantes comenzaron a llegar al inicio de su etapa de formación universitaria con el conocimiento generado de manera espontánea. Gracias a las prácticas del Do It Yourself, los usuarios hackean los dispositivos, y parafraseando a Gideon: toman el comando.

El software, otrora propietario de empresas originariamente pequeñas y que se han consolidado como industrias multimillonarias, fue convirtiéndose en open source, lo que provocó que muchas empresas hayan consolidado mecanismos de distribución de software mucho más económicos.

Pasemos al cuarto valor de lo permanente. En 2001 Modis identificó 26 hitos que marcaron cambios de paradigma en las esferas geológica, biológica y tecno­científica, sosteniendo que desde el Big Bang hasta la secuenciación del genoma humano, los cambios se dan de manera más acelerada, modificando paradigmas del mundo de manera cada vez más brusca . El diálogo entre Modis, Kurzweil y la obra de Morin nos llevan a considerar un cuarto elemento de lo permanente: la complejidad creciente.

Hipertexto, virtualización, aceleración tecnológica y complejidad creciente aparecen como los elementos del campo de lo permanente desde la aparición de las tecnologías que dieron soporte al desarrollo de la multimedia como lenguaje, hoy expresado en el diseño y en el arte.

Las constantes se basan en la reaparición de preguntas; en la existencia de un proyectista (como el personaje del arquitecto en Matrix); en la posibilidad de la llegada de la singularidad tecnológica y de la vida artificial como el verdadero final de la historia.

En 1956 Moore establecía que los procesadores iban a ser cada vez el doble de rápido e iban a ocupar menos espacio , en ese mismo año George Miller definía que el ser humano podía pensar en 7+­2 problemas simultáneos . El proceso de achicamiento de los objetos comenzó con la utilización del chip de silicio y todos entendimos que las cosas iban a ser cada vez más pequeñas llegando, como mencionamos anteriormente, a la nanotecnología. Como dice Mariano Cataldi “si antes teníamos que ir a un lugar a usar una computadora, ahora la computadora viaja con nosotros”: wearable computing, Internet of things, computación ubicua .

Si Maldonado reflexionaba acerca de lo real y lo virtual a inicios de los 90, introduciendo el “proceso de desmaterialización”, hoy las preguntas, en muchos casos, son las mismas: ¿existirá un momento de “desmaterialización” absoluta, a causa de los avances tecnológicos? ¿Serán factibles los postulados de la inteligencia artificial, de mediados de los 50, donde se llegará al día en que los ordenadores sean capaces de imitar el pensamiento humano, hasta superarlo? ¿Eso nos convertirá en eternos o en prescindibles?

Por ahora sólo podemos esperar y ­en el intervalo antropológico breve que nos toca llevar adelante nuestra presencia en este mundo­ proyectar y tratar de pensar más rápido que los dispositivos que nosotros mismos fuimos capaces de crear.

 

Este artículo fue publicado en el libro
Artmedia 15 años
Editorial Científica y Literaria de la Universidad Maimónides
1ra edición, noviembre 2015