Universidad Maimónides: Escuela de Multimedia
15 Septiembre, 2009

Música y multimedia

Por Ricardo Hegman y Ariel Hagman

Ricardo Hegman es Director y docente de la carrera de Artes Musicales de la Universidad Maimónides. Es Compositor y Director de Orquesta y artista exclusivo de Music Group. Decca London. Dió conciertos en todo el mundo y recibió numerosos premios.
Ariel Hagman Es compositor, egresado y actual coordinador académico de la Licenciatura en Artes Musicales con orientación en composición de la Universidad Maimónides.

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La relación entre la música y la tecnología multimedial no es nueva, al menos no en la forma más amplia en que podríamos definir a la multimedia.La relación con la tecnología en sí se remonta a las primeras puestas de ópera a mediados del siglo XVI donde la maquinaria montada debía representar escenarios imaginarios. Las primeras puestas eran por supuesto ausentes de electrónica pero no de tecnología y siempre se sirvieron de los avances tecnológicos para acentuar los discursos musicales. Sin embargo esta relación no era más que una puesta, es decir la maquinaria a servicio de la música.

No es hasta mediados del siglo XIX que esta relación comienza a fundirse en una nueva concepción del arte musical. Wagner y Berlioz son dos buenos ejemplos de esta relación y es en su intención de lograr una obra combinada de todas las artes, Berlioz habla de la obra “total”  en su obra Sinfonía fantástica –Lelio, donde incluye relatores, maquinarias diversas y hasta el intento de incluir olores–.

A principios del siglo XX, emerge en Italia, desde el punto de vista de la música, lo que se dio en llamar futurismo, cuyo mayor exponente fue Francesco Balilla Pratella. El futurismo intenta incluir las máquinas de la modernidad en la música, pero desde un punto de vista sonoro, no escénico.

Todos estos movimientos desembocan, a mediados del siglo XX en una idea distinta de la que venían utilizando los músicos. Hacer música desde la tecnología, es decir no imitar, no incluir, sino que los aparatos tecnológicos sean los emisores de la música. Así se pueden escuchar desde los años ´60 hasta hoy día conciertos en donde el único “intérprete” es el parlante por donde se emite la señal sonora. Hoy esta música es un campo de gran actividad en todo el mundo.

A partir de los años ´70 comienzan a surgir propuestas artísticas que juegan en los límites de varias artes y no es extraño, en algunos círculos, no poder distinguir si el espectáculo que se ofrece es musical, cinematográfio o de artes plásticas. A estas nuevas puestas se les dio el amplio término de instalaciones o performances.
Es así que se desprenden tres formas de concebir la relación de la música con la multimedia.

– De subordinación, es decir la tecnología al servicio del discurso musical como en la ópera. Y la subordinación de la música a la multimedia como en el caso del cine.
– De yuxtaposición como en una performance o instalación.
– De fusión como ocurre en la música electrónica o electroacústica.

Desde esta clasifiación surgen 2 nuevas categorías: la música como fenómeno extraño a la multimedia y la música como fenómeno intrínseco a la multimedia.

En el primer caso no nos encontramos más que con lo que la multimedia viene siendo a la música desde hace apróximadamente 400 años.

En el segundo caso estamos ante una novedad.

¿Cómo podrán los músicos, intérpretes y compositores asimilar esta nueva forma de concebir el sonido? ¿Cómo harán para maximizar sus propios recursos frente a este nuevo fenómeno, por otro lado, inevitable?

Es cierto que este fenómeno está ligado a numerosos factores que no son exclusivamente artísticos, el desarrollo de tecnologías nuevas para el arte no es habitualmente el objetivo primordial del desarrollo, y esto puede significar que aún no estemos en el cenit de las posibilidades tecnológicas y multimediales en el arte ya que en definitiva estamos adaptando estructuras tecnológica al discurso artístico.

También son ciertos el vértigo y el asombro que produce el avance incesante y sorprendente de la tecnología que propicia que los artistas se dediquen a fabricar muchas veces discursos vacíos de contenido y llenos de efectos. Esto, sumado a la abstracción del arte de los últimos 30 años y el hermetismo, en algunos casos, de las obras, puede significar un extrañamiento social frente al fenómeno musical multimedial.

Sin embargo, si tenemos en cuenta la historia de la música y la incursión en la tecnología de los artistas más jóvenes estamos en un período llamativamente temprano de estas experiencias y una vez resuelta nuestra necesidad del juego de los sentidos nos ocuparemos de las profundidades de la mente y el espíritu. No es a nuestra generación (probablemente) a quien corresponda juzgar el verdadero límite de la combinación entre multimedia y música. Este fenómeno es tan nuevo como inmenso y estamos recién en los albores de lo que será una verdadera música multimedial.

Aún estamos en una carrera desesperada del hombre por vencer al hombre a través de la máquina; y solo una vez que este debate reconozca la necesidad del hombre y de la máquina, podrá ocuparse de aprovechar los recursos de la misma manera en que Chopin o Debussy aprovechan el piano y Berlioz o Ravel, la orquesta.

La multimedia debe entender, asimismo, que la especifiad de la música es el sonido y que este sigue siendo aún un mundo con infiitas posibilidades. El hombre artístico generalmente evoluciona dividido entre aquellos que sonríen a la tecnología y aquellos que desdeñan la máquina. Deberán cuidarse los primeros de no intentar reemplazar al artista, al intérprete, al creador, a la intuición y a la inspiración en su proceso y el segundo de no estar perdiéndose la oportunidad de buscar nuevos caminos para su estética.

Los hombres necesitan la música. Nunca dejará de existir. Es responsabilidad de los músicos, los verdaderos artistas, construir obras con los elementos que tienen, sabiendo utilizar creativamente todos los recursos que hay a su alrededor.

El hombre comenzó haciendo música con una piedra, sea para comunicarse o para poder cultivar su alma, así lo seguirá haciendo. Si el hombre pudo encontrar la forma de hacer música con piedras, maderas, metales, etc. también podrá encontrar interés en la multimedia y otros recursos tecnológicos.

 

Este artículo fue publicado en el libro
Artmedia 10 años
Editorial Científica y Literaria de la Universidad Maimónides
1ra edición, septiembre 2009