Universidad Maimónides: Escuela de Multimedia
15 Septiembre, 2009

Artmedia, motor de nuestra creatividad

Por Alejandra Marinaro

Directora de la Escuela de Diseño y Comunicación
Multimedial de la Universidad Maimónides

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Hoy, septiembre de 2009, el calendario me indica que la de este año será la décima edición de Artmedia y el mágico número terminado en cero aparece, y la ocasión especial para reflxionar se produce. Cada vez que esto ocurre es usual que volvamos la vista y repasemos la década vivida y es difícil, al hacerlo, no asombrarse por los cambios que advertimos, tanto en nosotros como en las personas que nos rodean o en la sociedad en la que vivimos. Cuando veo estos diez años, observo que durante su transcurso las tecnologías de la información continuaron confimando lo que ya en 1965 Gordon Moore afimó, y que luego los medios transformarían en la ahora famosa Ley de Moore: crecimiento en progresión geométrica de las posibilidades de nuestros dispositivos digitales, ancho de banda, capacidad de almacenamiento, entre otras. Aún hoy, a más de cuarenta años de su enunciación, no podemos prever en qué momento esta ley empírica será desmentida por la realidad y la velocidad de la innovación tecnológica comience a moderarse. He aprendido algo a lo largo de estos años observando el avance técnico: nunca es suficiente, nunca nada es demasiado exagerado.

Donde miremos, veremos que los números se han ido de escala. La PC con la que escribo este texto tiene 125.000 veces más memoria RAM que el modelo más económico de la primera IBM/PC, 31.500 veces más que una Commodore 64 y 3125 veces más memoria que mi primera PC.
Un aspecto que debemos tener en cuenta surge cuando nos preguntamos si las nuevas tecnologías que, sin duda, han sido herramientas básicas para el desarrollo y el cambio no han resultado adicionalmente un factor que ha llevado al aumento de la desigualdad social. Pensemos que si bien ellas han favorecido las relaciones sociales también han sido
generadoras de aislamiento social, y que si bien se ha logrado que un mayor número de personas se integren a ellas, también han generado el fenómeno del “analfabetismo tecnológico”.

También debemos advertir que las difiultades en el acceso a estas nuevas herramientas por parte de las naciones menos desarrolladas hace que la brecha entre los países pobres y los países ricos crezca de manera vertiginosa y de la mano de este problema aumente también una desigualdad en el acceso a la educación y a la comunicación.
Ya en el año 2000 Dominique Wolton director de investigaciones en el Centro Nacional de Investigaciones Científias de Francia postulaba que “…Internet refuerza uno de los inconvenientes del mundo moderno; la diferencia entre una apertura creciente al mundo y la permanencia de diferencias geográfias y socioculturales irreductibles”
Y es en este contexto en el que considero que debemos enfrentar el desafío de dar sentido a nuestro desarrollo técnico.
Es entonces en medio del avance frenético cuando debemos preguntarnos qué hemos logrado en estos diez años gracias al mismo ¿Somos mejores profesores o maestros o alumnos? ¿Tenemos empresas, organizaciones o gobiernos más perfectos? ¿Nuestras obras de arte o del conocimiento son superiores? ¿Somos más éticos o instruidos? ¿Gracias a su tecnología avanzada, el hombre de hoy es más inteligente que el del pasado?
Pareciera que desde este punto de vista los logros son mucho mas difíciles de especifiar que cuando pensamos solamente en cuánta más memoria tienen hoy nuestras PC’s o cuánto más rápidas son.

Pareciera que la ayuda que nuestros dispositivos digitales nos pueden brindar para enseñar, aprender, comerciar, gobernar, crear o ser mas éticos o instruidos no es fácil de objetivar. Y esto es así porque no es sencillo decir si algún día tendremos dispositivos “inteligentes” que interactúen con nosotros y que a través de esa retroalimentación nos permitan desarrollar nuestras capacidades por sobre nuestros límites.

El mismo Scott Fahlman profesor de la Universidad de Carnegie Mellon, uno de los pioneros en la investigación y desarrollo de procesos y agentes racionales no vivos o “Inteligencia Artifiial”, comenta en uno de sus artículos que la pregunta: ¿Cuándo crearemos una máquina inteligente?. Es muy difícil de responder. Y reflxiona acerca de este fenómeno afimando que el problema es que la inteligencia no  es cuantifiable: “…no es un único atributo al que
podamos asignarle un resultado numérico; es un conjunto complejo de atributos mas o menos independientes. Una máquina o persona puede alcanzar un buen rendimiento en alguno de estos atributos y no lograr una buena performance en otros. Con esta naturaleza multifacética de la inteligencia en mente, podemos decir que nuestros computadoras son ya superhumanos en un pequeño aspecto de la inteligencia: la habilidad para hacer aritmética…”
Esto es cierto. Si observamos el estado actual del avance tecnológico podemos apreciar que las máquinas son más hábiles que los seres humanos a la hora de realizar cálculos, resolver problemas que requieren manejar grandes cantidades de información al mismo tiempo y almacenar en la memoria gran cantidad de datos, pero ellas aún no pueden imitar el sentido común, la conciencia y la creatividad del ser humano.

Scott Fahlman concluye, al analizar este aspecto, que “Nuestras máquinas pueden hacer muchas cosas bien, pero no pueden ni siquiera aproximarse a tener el sentido común de un niño de cinco años… ningún dispositivo puede alcanzar su habilidad para adquirir, almacenar y hacer uso de inmensas cantidades de conocimiento…”.

Justamente, considero que este es nuestro reto: conseguir desarrollar, no tan solo dispositivos digitales, sino procesos de “inteligencia artifiial” que colaboren con nosotros en hacer buen uso de las inmensas cantidades de conocimiento que las tecnologías de la información ponen al alcance de nuestras manos.

Considero que Artmedia es el motor con el que todos los que formamos parte de la comunidad de la Universidad Maimónides contamos para contribuir a que este cuerpo que es la tecnología tenga un alma que crezca y se desarrolle a la par de él y que lo dote de discernimiento, compresión y entendimiento, de forma tal que con el correr de los años, todos los que nos embarcamos en este proyecto podamos contar que uno de nuestros logros fue que el avance de la era digital y de las tecnologías multimediales no se mida solo en gigapixels, terahertz o hexabytes sino
también en belleza, sentimiento, ética y creatividad.