Universidad Maimónides: Escuela de Multimedia
13 Noviembre 2010

Por un cine de animación nuestro

Por Multimedia Maimonides
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Rodolfo Pastor, que además de ser profesor de animación de la carrera de Tecnología Multimedial es un talentoso animador y director, escribió estas líneas a propósito de un homenaje que le realizaron en el Primer Congreso Nacional de Comunicaciones Integradas, realizado en el Honorable Congreso de la Nación:

“Capelito, Nico y Tina -mis personajes-, estuvieron acompañándome en el Primer Congreso Nacional de Comunicaciones Integradas, que tuvo lugar ayer, en el anexo de la Honorable Cámara de Diputados.

Honorable -si, queridos amigos de España, no es broma- porque ahora en el Sur tenemos un proyecto de país y Patria Grande que entusiasma a más y más personas.  Sin embargo Nico no parecía darse cuenta donde estaba pues seguía bañándose en el fuentón y cepillándose con la misma herramienta, ora los dientes, ora el culo, como si estuviera en su bulincito.

-Es que el Congreso es la casa de todos-, me apunta Tina, muy peronista ultimamente, mientras busca y busca su encendedor.

¿Y quién me iba a decir a mi que -¡Turuli, turuli!-, Capelito mamá enseñaría a estudiantes y políticos a tejer un gorrito de lana para un bebé con bigotes.  Vivir para ver… y ver para vivir.

Expuse en el hall de entrada el decorado donde se ve a Capelito haciendo compras en la tienda de pesca “Amor”, del carrer Tallers 65, en Barcelona (me gustaría que Esteban lo sepa) y al honguito volando en un avión antiguo. Los adultos contemplaban estas cosas y por un instante se volvían niños.

Hablé del exilio del exilio. No sabía yo entonces, que fuera tan, pero tan duro. Y de la dolorosa alegría de volver. De esta etapa de mi vida en la que afronté tanto viento en contra y en que apenas pude filmar comerciales, un documental y poco más. Pero pude terminar Nico & Tina, y madurar proyectos, y trasmitir algo de mi pasión y conocimientos a muchos, pero muchos alumnos.

Expliqué que necesito ayuda, que arranco otra vez de cero…  ¡Pero qué cero! Tiene mas jugo que una sandía.

Hablé un poco de como Capelito se está y estará pasando durante tres años -junto con una exposición de decorados y personajes, un documental didáctico y 2800 kilos de plastilina JOVI- por los pueblos de Francia, pueblo por pueblo. Expliqué que así quiero mostrar Capelito en Argentina, provincia por provincia, pueblo por pueblo, tal como
hacíamos en el Grupo CINE, el fundara y dirigiera allá por 1972. Les conté  que quiero coproducir con España, con el estupendo grupo de profesionales que se me quedó allá, grupo que formé y me formó, y con los talentos que aquí voy conociendo. Y seguramente lo logre.

Y como nadie me sacaba el micrófono,  dije que el cine de animación tenía que ser valiente, proponerse y alcanzar la calidad de nuestro cine de ficción, capaz de tratar temas íntimos o temas sociales  (que es la misma milonga, pero vista desde la terraza).

No me acuerdo bien como lo dije, solo recuerdo el contenido de mis palabras.  Dije que había que dejar de imitar las animaciones de los gringos, en un patético quiero y no puedo. Que necesitamos un cine de animación nuestro, hecho a nuestra medida y con la dignidad de nuestras posibilidades. Y que no sea solo infantil, también para adultos, que así
lo fue el primer largometraje en dibujos animados que se hizo en el mundo. Sí, por el argentino Quirino Cristiani.
Que necesitamos una animación que recorra la comedia y la tragedia con problemáticas nuestras y con guiones muy
trabajados. Basta de animaciones dirigidas por productores, que la animación no es solo un negocete de quienes, formados en las empresas de publicidad, abordan el cine. La animación deben hacerla productores de cine, que saben de la importancia de la figura del director, que las buenas películas se hacen con un ojo en el negocio y el otro en la calidad con que se narra una historia, ¡coño!

Dije que la animación también podía ser un modo de expresión y aprendizaje individual. Que debemos dejar de lado el naturalismo en el movimiento físico (que ya está bien con Bambi), que si lo hacemos así se nos abre un campo mucho más interesante; el de la actuación, el del movimiento psicológico,  y el del movimiento físico propio, específico al diseño de nuestro personaje.

¿Es que solo se pueden animar mostruos con pocas neuronas pero con millones de pelos, solo para aprovechar que ahora es posible mover bien esa pelambre apretando un botoncito.

Me aburre la estética del plástico. Me aburren los personajes de plástico, la gente de plástico.. ¡Incluso me aburre el plástico! Y con lo útil que es, ¿verdad? Pero la plástica es fascinante.  Incorporemos a la animación el arte de
los ilustradores, que cada uno de ellos es un mundo único de riquezas visuales, que ellos se parecen a la gente de teatro, gente a las que les gusta Serrat… y además los ilustradores están acostumbrados a trabajar para una historia.

Noté que algunos en la sala me entendían, así que cogí coraje (que es lo único que tengo) y seguí con eso de que tenemos que crear estudios de animación con el alma caliente, con gente solidaria, que comparta valores pero tenga talentos diversos. ¡Como si fuera tan fácil crear un taller así!

Este que estoy cocinando se llamará, seguramente:

LA  VIZCACHERA  –  Cine de Animación
Aguantadero cultural con fines de locro

Dije que la buena animación no puede nacer en el tedio de empresas desangeladas, verticalizadas, que la mejor animación, si nace, lo hará de un estudio que se parezca a un grupo de teatro.

¿Y por qué…? -me preguntó Gaturro, sentado en primera fila.

Porque el animador equivale al actor en el cine de ficción.”

Rodolfo Pastor
Olivos, 6 Nov. 2010