Universidad Maimónides: Escuela de Multimedia
10 Febrero 2009

Duchamp, según pasan los años

Por Multimedia Maimonides
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22 de noviembre de 08 al 01 de febrero de 2009   Curadora: Elena Filipovic   http://www.proa.org/

El hilo conductor en la obra de un artista multifacético como Marcel Duchamp (MD) ha sido, sin dudas, su vocación innovadora. Pintura, cine, fotografía, música, diseño gráfico, curatoría, fueron algunas de las disciplinas a las que se ha dedicado, siempre dejando su impronta rupturista con el pasado, con el academicismo agónico y asfixiante. Vinculado a lo largo de su vida a las vanguardias dadá, surrealista, cubista y futurista, de influencia crucial en el Pop Art y el postmodernismo, es mirando su obra en perspectiva cuando apreciamos con claridad la dificultad en etiquetarlo y en restringir su obra a algún tipo de código preestablecido, ya sea de estilo o incluso de actividad. Su figura aparece como la de los primeros exploradores del Nuevo Mundo, haciendo posibles nuevas miradas y perspectivas.

Hoy día todavía se polemiza sobre si el taburete de su obra “Rueda de bicicleta” (“Roue de bicyclette”, 1913/1964) cumple la función de la tarima o es parte integrante de la obra; lo cierto es que su creación fue una ruptura con el concepto de estética dominante de la época: un arte sereno, bello y disponible para ser expuesto en museos y academias. El mismo tipo de arte que la rebelión Dadá condenaba por ser la cara visible de una sociedad mortecina cuyas tradiciones, creencias y costumbres fueron capaces de provocar la masacre de la Primera Guerra Mundial, a la que MD cuestiona jugando con la revalorización de los objetos. Mucha tinta ha corrido y mucho se ha hablado intentando teorizar y enmarcar estilísticamente esta obra, pero por lo que sabemos del autor probablemente fue más un fruto del azar que de la aplicación, antes un juego destinado a romper moldes que una “masterpiece”. Justo es recordar que observada por un lego, no deja de ser una rueda clavada en un banquito.

Igual rol les hace ocupar a los célebres “ready-mades”, objetos “ya hechos” comprados en el mercado o la ferretería, ni lindos ni feos desde la perspectiva del artista, a los que MD cobijaba bajo un título que los recontextualizaba como un objeto artístico. Los ready-mades constituyen una reacción contra el arte “retiniano”, como él llamaba despectivamente al arte visual tradicional, por un arte donde prevalece la experiencia mental del observador. Así, una pala de nieve común es titulada “A cuenta de un brazo roto” (“In advance of a broken arm”, 1915), firmada y de esta forma transformada a través del deseo del artista en un (supuesto) objeto de arte. Lo mismo ocurre con el famoso mingitorio presentado en el Salón Internacional de Artistas Independientes de New York (1917), titulado “Fuente” (“Fountain”, 1917/1964), firmado a fin de ser expuesto con el pseudónimo R. Mutt (nombre de un fabricante de sanitarios) y que fuera rechazado por el jurado de selección, a pesar de que la muestra prometía con el lema “Sin jurados ni premios” ser un espacio renovador donde se abrirían las puertas a un nuevo arte libre de prejuicios. Lo cierto es que “Fuente” no obtuvo validación artística desde un salón de exposiciones, sino desde una reproducción fotográfica encomendada por el artista al fotógrafo Alfred Stieglitz, abriendo hasta hoy una inacabada discusión acerca de los límites de lo que podemos llamar arte y sus métodos de validación.

Otra contribución importante de la obra de MD fue la de añadir un concepto a la obra en sí, en un intento de disminuir el factor “retiniano” en favor de una apreciación más intelectual de la obra. Un ejemplo claro de esta búsqueda conceptual es “El Gran Vidrio” (“The Large Glass” también llamada “La Mariée mise â un par ses Célibataires, même”, “La novia puesta al desnudo por sus solteros, incluso”, fechado entre 1915 y 1923, año en que la declara “definitivamente inconclusa”), considerada una de sus obras cumbres, formada por dos paneles de vidrio montados en dos niveles, donde el superior representa el universo de la novia y el inferior el de los solteros. En este caso, la necesidad de un “manual” de apreciación artística adecuado es evidente, ya que sin el –o al menos sin considerar su título-, podríamos vanamente pensar que se trata de una obra abstracta, donde las formas no guardan otro significado que aquel que el espectador le quiera atribuir. Sin embargo, anoticiados de las intenciones expresivas del autor y de los estudios previos necesarios para la concreción de la obra, entendemos que se trata de una clara alusión erótica –aunque no hay nada en las imágenes ni en los colores que nos hagan pensar tal cosa.

Algo similar ocurre con el ready-made donde interviene una de tantas reproducciones de “La Gioconda”, dibujándole al lápiz bigote y perilla y agregándole al pie el nuevo título: “Ella tiene el culo caliente”(“L.H.O.O.Q.”, 1930), resignificando así el más conocido de los retratos de la cultura occidental. Aquí surge nuevamente su espíritu lúdico e irreverente, más parecido a una broma hecha por amigos aficionados al arte entre las copas de un bar, que al producto de un artista de renombre: no sólo “ella” sonríe a causa de sus deseos sexuales, sino que además exhibe inesperados atributos masculinos, como el bigote. Más tarde tomará otra copia de la misma reproducción popular y hará una nueva intervención, cambiando el título “La Gioconda” por “L.H.O.O.Q. afeitada”, otorgándole así una historia “artística” a una reproducción barata, donde ya no es tan simple afirmar el nombre del autor de la obra.

“L.H.O.O.Q.”, al igual que el mingitorio “Fuente”, exploran o incluso atraviesan la frontera de lo que se puede considerar un hecho artístico. Hay quienes afirman que el trabajo de descontextualización-recontextualización realizado por un artista de fuste sumado a la aceptación pública ya es condición suficiente para considerar a las obras “de arte”. Otros, en cambio, sostienen que arte es la aplicación creativa de una técnica que logra la transmisión de una idea trascendente; en este caso, ni la mera aplicación correcta de una técnica ni la aceptación de la masa alcanzan para poder considerar a estas obras como “artísticas”.

Si bien la intención original de MD parece entrar en colisión con la noción de “aura” acuñada por Benjamin (la cual sostiene que un objeto de arte tiene una significación especial en virtud de su autoría de origen, historia como objeto e incluso su trayectoria a través de los diferentes dueños que lo usufructuaron), el caso es que estos simples objetos después de haber sido escogidos y firmados por Duchamp adquirieron un prestigio artístico del que otros objetos de producción en serie carecen. Ninguno de los ready-mades originales existen actualmente, ya que éstos fueron perdidos, desechados o rotos, y los que se exhiben hoy en día en todo el mundo son réplicas realizadas y autorizadas por el propio Duchamp, y aún así mantienen iguales valorización y aprecio del público que los intentos originales, validando de esta forma la teoría de Benjamin.

Esta polémica sobre verdadero/falso u original/copia se renueva con la creación de sus “Boit-en-valise”, “museos portátiles”, reproducciones en miniatura de sus obras de arte presentadas dentro de valijas de viaje, destinadas a amigos o clientes, que resultaron en sí mismas objetos artísticos. Al parecer, la pregunta que MD se hizo en 1913: “¿Puede uno hacer obras que no sean “de arte?” tuvo a lo largo de los años diferentes ensayos de respuesta, todos negativos.

El caso es que a MD poco le gustaban los “ismos”y todo tipo de clasificaciones, al punto de que cada una de sus obras resultó ser distinta a la anterior, sin haberse detenido a estudiar las posibilidades de exploración artística que le traía cada nueva vertiente descubierta. Al ser expulsado de la Sección de Oro del Cubismo por su obra “Desnudo bajando por una escalera” (“Nu descendant un escalier”, 1912) nunca más vuelve a afiliarse a ningún grupo –si bien trabajó más tarde en colaboración con Man Ray, Breton y otros surrealistas.

Es curioso que el motivo de su expulsión de la Sección de Oro no fuera su estilo pictórico ni la temática abordada, sino que en particular “Desnudo..” –probablemente una de sus mejores obras- fue acusado de salirse de la regla del grupo a causa de su título, ya que su tratamiento del desnudo diseccionando el movimiento del cuerpo a través de imágenes sucesivas superpuestas no condecía con la ridigez formal que Gleizes y Metzinger proclamaban.

Entre 1946 y 1966 MD trabaja en la que se considera una de sus obras mayores: el diorama “Dados: 1- La cascada, 2- El gas del alumbrado público”(“), donde con sus acostumbrados juegos de palabras añade desde el título aún más incertidumbre. A través de la mirilla montada sobre un inexpresivo portón de madera, nos encontramos con un agujero en un muro parcialmente derruido –un dispositivo para espiar a un dispositivo para espiar- y allí observamos parte del cuerpo de una mujer desnuda recostada sobre un colchón de ramas secas que inequívocamente exhibe su vagina pero no su rostro, sosteniendo una lámpara de gas en una de sus manos delante de un paisaje colorido de árboles, cielo luminoso y una cascada. Fruto de su madurez artística en la que fue trabajando secretamente hasta su muerte, esta pieza conjuga varios de los elementos que el artista desarrolló a lo largo de su carrera: ready-mades, conceptualización, la asunción del punto de vista del espectador -¿sabrá la mujer que la estamos espiando?-, superposición de técnicas y materiales, erotismo; la suma de su bagaje técnico para alcanzar su cumbre creativa.

Cuando Marcel Duchamp presentó su urinario en 1917 buscando provocar una ruptura con los cánones establecidos, consiguió ampliar el panorama de lo que puede ser considerado válido en la creación artística. En concordancia con los avances tecnológicos de su época, vio nuevas posibilidades expresivas en meras reproducciones y productos en serie, elevados a la condición de “objetos artísticos” en virtud de lo creativo de sus intervenciones. Su legado no fue apenas innovar en técnicas y en medios para producir arte sino, fundamentalmente, en demostrarnos que nunca se acaban las posibilidades de ser creativos.

La procura de la respuesta: “¿Cómo hacer una obra que no fuera una obra de arte?” constituyó la piedra fundamental de su búsqueda artística; responderla, sin embargo, ha ido perdiendo foco a lo largo del tiempo, al punto que hoy se lo considera unos de los “standards” artísticos del siglo XX, estando su obra bien cotizada y a resguardo, embutida dentro de los mismos museos a los que el genio del artista intentó alguna vez destronar.